
GUERRERO MÉXICO, 13 de enero de 2026.- En la Montaña Alta de Guerrero hacer política es arriesgado al grado de poder perder la vida.
Este fin de semana, en Cochoapa el Grande, familias enteras se reunieron para recibir y escuchar a alguien que camina con ellos en los pasillos municipales, estatales y federales.
Ese alguien es René Castañeda, conocido como "el lobo indomable"
La reunión fue sencilla, como suelen serlo en la montaña, con palabras directas, miradas cansadas y una exigencia clara de justicia.
Nadie imaginó que ese encuentro, legítimo y pacífico, marcaría el inicio de una persecución.
Desde diciembre, René Castañeda ya sabía que su activismo tenía costo. Una amenaza de muerte llegó a su teléfono por WhatsApp.
No sólo contra él, también contra su familia. El mensaje fue claro. El miedo, real. Y por eso solicitó protección de la Guardia Nacional para acudir a recoger su constancia como candidato a gobernador por la libre determinación de los pueblos. Como era de esperarse, la protección nunca llegó. No hubo respuesta. No hubo escoltas. No hubo Estado.
Aun así, el día llegó, y él asistió a la reunión con el pueblo de Cochoapa.
Rumbo a Tlapa, René iba acompañado por dos periodistas, cuando notó algo inquietante: camionetas que aparecían y desaparecían, cambiaban de modelo, zigzagueaban detrás de ellos. Desde el primer momento supo que no era paranoia. Estaba claro que era intimidación. René sabe que en la montaña, cuando alguien te sigue así, no es casualidad.
Aún así la reunión en Cochoapa se realizó. El nombramiento se entregó. Pero el peligro no había terminado.
Al emprender el regreso, ya con un asesor jurídico de la Libre Determinación y los periodistas, una camioneta blanca volvió a aparecer. Los seguía casi pegado a su vehículo.
En la pendiente de la carretera de San Miguel Juanacatlán, comunidad de Metlatónoc, la amenaza se volvió acción. La camioneta intentó orillarlos hacia el precipicio.
René, una vez más, entendió que querían que pareciera un accidente.
En una maniobra digna de una película policíaca, centró su vehículo en medio de la carretera, fue cuando la camioneta embistió con todo el coche por la esquina. El impacto los hizo girar. Perdió el control. El vehículo se estrelló contra el cerro. Y para buena fortuna, no cayeron al voladero como aquellos calcularon. Fue cuestión de centímetros, de segundos, de suerte. O quizá de fe.
La camioneta huyó y no pudieron registrar placas ni características.
Vivos, pero solos, pidieron ayuda al comisario de San Miguel Juanacatlán, quien los decepcionó en su respuesta, brutal por su honestidad: “Yo no me meto en problemas”. Los periodistas continuaron su camino. René se quedó ahí, con el miedo todavía temblando con las manos.
Horas después, un anciano pasó por la carretera. Un viejito campesino. Afortunadamente, fue quien lo ayudó a llegar a Tlapa. No una patrulla. No una autoridad. Un ciudadano.
Cuando René notificó a la Guardia Nacional, la respuesta fue tan fría como burocrática: no había ninguna orden, ningún documento, ninguna indicación para protegerlo. El oficio entregado al 25 Batallón de Infantería, con sede en Iguala, sigue sin respuesta.
Hoy, René Castañeda teme regresar a Chilpancingo. Teme que el siguiente “accidente” sí sea definitivo. Teme terminar como otros que pidieron ayuda y nunca la recibieron. Pero no se rinde.
“Voy a seguir”, dice. “Aunque el sistema esté corrompido hasta el tuétano. Aunque incomode ayudar a la gente humilde, a la más olvidada de la montaña”.
Al final, se encomienda a Dios.
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